Cuando se producen estos sucesos en nuestro ciclo vital, provocan situaciones caracterizadas por ser impredecibles, incontrolables, y tener una sensación de pérdida de apoyo social.
Cuando se produce el divorcio es por una carencia o privación de algo que se ha tenido y ya no se tiene, y por lo tanto es algo doloroso y que afecta de una manera particular. Procuraremos ver cómo reaccionamos ante esta pérdida y la mejor forma de poder adaptarse a ella. Orientaremos sobre su proceso, así como formas de afrontamiento.
Este proceso es, como vemos, similar al del que se sigue por la muerte de la pareja, y como sucede en éste, también se puede quedar atrapado en el dolor por la pérdida de la pareja con la que se ha roto. Pero hay una diferencia importante, y es que en este caso interviene la decisión de una de las partes de poner fin a la relación.
Todas las rupturas precisan pasar por el proceso antes citado. Y éste tiene una duración que oscila entre los 6 meses y los 2 años, aproximadamente, dependiendo de varios factores:
- De la personalidad. El rasgo de personalidad (tendencia a comportarse de una manera particular a lo largo de una serie de situaciones) influye enormemente. o Sensibilidad.
- En el aspecto cognitivo, hay personalidades que, como habitualmente se dice “se comen el coco”, es decir, entran en una espiral de pensamientos catastróficos que les inmovilizan y no pueden ver con claridad, mientras que otros con más conocimiento de sí mismos y del proceso por el que están pasando saben darse tiempo.
- Recursos propios. El nivel alto de autoestima o confianza en sí mismo ayudará a no tener pensamientos autodestructivos ni de acontecimientos catastróficos.
- Grado o importancia de la relación. La implicación, el grado de intimidad, la fase en la que se encuentra (sobre todo si la relación se ha ido enfriando), el grado de pérdida que se siente puede oscilar mucho.
- Apoyo social. Es indudable que una persona que cuenta con amigos o familiares que le quieren y le entienden, constituye un elemento decisivo para amortiguar el dolor.
Ahora me voy a centrar en explicar las diferentes fases emocionales por las que pasa una persona que está pasando este proceso:
1. Fase de negación y aislamiento
Es una etapa no muy larga, en la que la persona suele actuar de esta manera como forma de protección.
Es necesario ser objetivo para obtener una visión más realista de lo que está ocurriendo.
2. Fase de ira
Una vez que la persona deja de negar lo que está sucediendo, puede sentir una inmensa rabia y una ira intensa que proyecta hacia la otra persona o hacia sí misma.
3. Fase de negociación
La fase de negociación también puede ser complicada si no se gestiona de manera apropiada, porque la persona intenta entender los motivos de la separación y puede intentar comprender a la expareja. En este sentido, puede llevarle a un acercamiento en el que ésta intente recuperar lo que había entre los dos. Si no se hacen bien las cosas, la situación puede empeorar.
4. Fase de depresión
La tristeza se apodera de la persona porque comienza a darse cuenta de que recuperar la relación ya no es posible y tiene que dejar atrás a la persona que tanto ha amado.
5. Fase de aceptación
Ahora puede mirar de nuevo al futuro con optimismo al aceptar que todo terminó y que lo que no pudo ser no será. Ya no busca estar con la otra persona y se siente bien consigo misma. Está preparada para conocer a gente nueva.
Por último me gustaría compartir con todos vosotros la idea de visión hacia el futuro.
Cuando una persona ha superado la etapa del duelo tras la ruptura, es capaz de aceptar la propia responsabilidad en el conflicto de forma sana.
Lo más importante, es el considerar el acontecimiento como una conducta que trajo sus consecuencias y aprendizajes. A pesar de todo, brinda la posibilidad de evolucionar y crecer. De revertir y aprovechar las consecuencias para crecer y adaptarse al cambio de vida.
Aprender del pasado, es la estrategia para construir nuevas redes sociales (hacer nuevos amigos), o recuperar las más cercanas (amigos anteriores), o plantear la posibilidad de re-organizar nuevamente el entorno familiar. El proceso de recuperación incluye; plantearse nuevos proyectos de vida.
